ELLOS




 Nuestros días de verano en RD...

Érase una vez, una abuela que llega a casa de sus nietos, pero en esta ocasión con una misión más comprometedora y especial, la de nada más y nada menos que quedarse a cargo de un par de chicos picarones, expertos en lograr que su abuela descargue sobre ellos todo el amor y los mimos que ha guardado durante meses para ellos y hacer que caiga rendida a sus pies. Así de literal es. Pero su abuela viene con una misión secreta, otra que sólo fue revelada justo antes de partir y después de haber cumplido la encomienda de cuidar a sus niños como nadie más pudo haberlo hecho. Esta vez se trataba de despedirse, pero con las manos llenas y acompañada de sus nietos, con quienes partiría para pasar con ellos todas las vacaciones y disfrutarlos hasta el último segundo. Y ellos por supuesto los más felices y entusiasmados por la idea.

Saúl y David sin lugar a dudas fueron los más dichosos al poder disfrutar de unas vacaciones sin igual en ese país al que tanto Jeff como yo les hemos enseñado a amar, a respetar y con ello a sentirse orgullosos de el. Desde que pisaron tierra dominicana, pudieron sentir ese caliente y radiante sol que los cobijaba, el clima confabuló perfecto para ellos, haciendo de sus días en nuestro país, unos colmados de refrescantes tardes de piscinas y playas, de divertidas tardes de parques y actividades al aire libre, caminando por el malecón de la ciudad y deleitándose con el mar más hermoso que hayan visto jamás, conocer las famosas paleteras de las que tanto les hemos hablado e incluso tomarse fotos junto a una de ellas, gracias a la generosidad y amabilidad de su dueño y tardes deliciosamente dulces para saborear un rico barquito de helado aun cuando el calor y la brisa lo derretían e implicaba un verdadero reto comerlo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Su abuela los disfrutaba muy celosamente, pero días más tarde me uní a esos días de disfrute, lo cual en realidad no formaba parte del plan inicial, pero así se dio. Y de manera sorpresiva para ellos comencé a formar parte de esos días que estoy segura de que nunca olvidarán. Tras mi llegada pusimos a prueba el corazón de una madre y abuela que, sencillamente estaba a punto de explotar de emoción y de dicha, pues sus tres grandes amores dormían juntos en una habitación contigua a la suya, a pocos pasos de distancia nos escuchaba gritar, reír a carcajadas, sentía la casa llena como hace mucho no sucedía. Y eso llenaba su corazón de gozo.

Pasar unas vacaciones en nuestro país para Saúl y David fue sinónimo de muchas cosas hermosas que quedarán grabadas en su memoria y en su corazón para siempre. Mismas que tanto les hacen desear volver aun cuando acaban de llegar. Fueron sinónimo de dormir hasta tarde, casi, casi de leer un variado menú para su desayuno cada mañana, de no contar con muchos horarios para usar sus juegos electrónicos, de convertirse en grandes ayudantes de la abuela en la cocina para aprender a hacer ricas gelatinas, de corretear sin parar como caballitos galopando, de ir a dormir sólo cuando el sueño les hiciera rendirse, de compartir y hacer nuevos y entrañables amiguitos con quienes vivieron tan gratos momentos, de salir a pasear con tías y madrinas amorosas que les colmaron de afectos y atenciones, de conocer no sólo la ciudad, sino también el campo en todo su esplendor, escenario perfecto para respirar ese aire puro y fresco entre las montañas que tanto les sorprendieron y fascinaron, de vivir la inigualable experiencia de ordeñar una vaca o de ver como se hace, de montar a caballo aun cuando no tenían idea de que podían hacerlo tan bien junto a su abuelo, de disfrutar de nuestras hermosas playas hasta sorprenderse con la arena más blanca y fina que hayan podido conocer, de vivir un verdadero verano con cada día de piscina y jugar sin tregua con sus pelotas inflables con todos los que quisieron unirse al grupo, de recibir lindos regalitos de quienes tanto les quisieron consentir y que hoy atesoran en sus habitaciones como parte de sus recuerdos, de conocer nuevos y divertidos lugares de atracciones para contarle a su papi por las noches lo alucinante de sus días en RD, de hacer fogatas junto al calor de la familia, de apreciar lo maravilloso de agarrar una fruta del árbol para comerla al instante, de ver cara a cara los grandes contrastes que tiene la vida, de ver la opulencia, pero a su vez de constatar las grandes carencias con sus propios ojitos que se volvían aún más grandes al verlo y que les hacían recordar cuando les hablo del sentido de valorar lo que DIOS nos da y de compartir con los que tienen menos.
Sinónimo de hacer caras y reír con primitas  tan loquitas como ellos y pasarla increíble juntos, de recibir gestos y palabras de amor de parte de su abuelo cada día, de desear tener pajaritos, pececitos y tener una abuela que enseguida se encargó de consentirlos, de jugar a ser distintos y admirables roles, como cuando pudieron ser grandes héroes bomberos y sentir la adrenalina al solo simular apagar el fuego, de ser veterinarios de peludos animales, de trabajar en un supermercado y conocer del esfuerzo para que todo este ordenado y saludable, de comer más pizzas de Ilcapo que ningún otro niño en tiempo record, ja, ja, de no poder escaparse de visitar centros comerciales que su mami quiso conocer, de desordenar la cama de unos abuelos que solo veían con gracia y alegría sus almohadas tiradas por el piso, de ser niños solidarios y comprensivos cuando hubieron momentos de preocupación familiar, de dormir en casa de una madrina que aseguraba con toda calma que amanecerían jugando, así como David presumirle a su padrino sus dotes de bailarín sin el menor de los reparos, je, je, de visitar jugueterías una y otra vez para elegir juguetes hermosos con los que pasarían horas de entretenimiento, de visitar lugares que tendrían para nosotros un valor sentimental muy especial como el hotel donde fue celebrada la recepción de bodas de sus padres y así ver en persona aquello que sólo habían visto en fotos, de volverse cómplices de abuela, prima y madrina para recibir un nuevo corte de pelo, de no parar de sorprenderse al ver tantos vendedores ambulantes en las calles y verlos luchar por su sustento aún bajo el más abrumante sol y calor, de no tender su cama ni un solito día porque su abuela lo hacía por ellos, de poder elegir cuando querían salir y cuando no porque siempre tenían con quien quedarse en casa, de comprobar gratamente lo bien que fueron cuidadas sus tortugas dejadas en otras vacaciones, de conocer y probar frutas nuevas para ellos, de llegar a Sto. Dgo. a pedir hamburguesa en un restaurante, a pesar de haber disfrutado de la exquisita bandera dominicana, del delicioso mofongo de la tía y por qué no decirlo, de apoderarse de la que fuera la habitación de su mami por tantos años, misma en la que tantas veces soné con ellos y que hoy día les puedo ver con ternura disfrutar y compartir a su lado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Saúl y David empacan su equipaje colmado de dulces típicos, de quesito rico, así como de todos esos sabores que echaran de menos con el pasar de los días, pero también repleto de regalos y principalmente de momentos vividos que siempre les recordaran que existe un país en el mundo donde están sus raíces y familia que les dará la mas cálida de las bienvenidas y les recibirá con los brazos abiertos para cuando quieran regresar.

Dicen que el único exceso que es permitido en esta vida es el agradecimiento y les damos gracias infinitas a todos los que con su amor y entrega confabularon para hacer de estas vacaciones unas, realmente hermosas, divertidas y muy especiales para los seres que más amamos. Siempre gracias!

 

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Días de escuela...

Con el pasar de los meses y envueltos en la cotidianidad muchas veces no nos detenemos a pensar en todo el amor, la entrega e incluso el esfuerzo que conlleva y dedicamos a sus años de escuela, pero hoy quiero repasar en mi mente esos días con la enorme sonrisa que se refleja en mi rostro al recordarlo.

Son tantos los recuerdos de este pasado año escolar… Sabía que este sería un año especial, diferente para ellos y para mí, Saúl se había graduado de la que fuera su escuela elemental durante sus pasados seis años, para dar inicio a la escuela intermedia (Sexto grado), dejaría de ver a muchos de quienes fueron sus compañeritos de clases durante tanto tiempo, a muchas de sus más queridas y  recordadas maestras, dejaría de ver esos pasillos y escaleras y dejaría de esperarme siempre en el mismo lugar, pero sobre todo, dejaría atrás un sistema escolar muy distinto al sistema que le esperaba en la que sería su nueva escuela en lo adelante. Podía percibir sus ansias y nervios al saber que se enfrentaría a un mundo escolar distinto, yo también me sentía igual, pero trataba de no externarlo. Era mi deber transmitirle seguridad en todo momento. Pero si, el sistema escolar al que estaba acostumbrado, jamás volvería a ser el mismo, esta vez contaría no con cuatro maestras, sino con siete, no cambiaría una sola vez de salón para recibir otra clase, sino en cuatro o en cinco ocasiones y en edificios diferentes, conocería a muchos niños y niñas nuevas, incluso provenientes de otras escuelas y todo esto sin tan siquiera hacer mención a la parte académica que traería consigo una diferencia del cielo a la tierra. Y en mi caso, ya no llevaría a mi niño tomado de mi mano (O simplemente a mi lado) hasta su primer salón de clases y dejarlo ahí dentro, sintiendo que estaba seguro, afianzado, NOOO, eso no sucedería, lo sabía y confieso que lo intenté. Pero justo ese día y como balde de agua fría me cayó y supe que mi niño ya no estaba siendo tan niño y que entraba nada más y nada menos que a Middle School (Escuela intermedia), donde asisten los jovencitos. Finalmente resignada a dejarlo solo en la puerta de esa casi desconocida escuela que solo habíamos visto en dos ocasiones, me voy con esa misma sensación que había experimentado hacían exactamente, seis años atrás cuando lo había dejado en Kindergarten, a diferencia de que esta vez no se había despedido de mí con un abrazo que hubiera querido hacer eterno para que no lo dejara, en esta ocasión se despidió de mí con un beso apresurado, que quiero pensar que habrá sido por la larga línea de vehículos detrás del mio (Eso espero, ja, ja) y con una voz segura, firme y actitud acorde a las nuevas circunstancias. Y eso me colmó de fuerzas y de orgullo.

Para David también habría diferencias, daría inicio a su primer grado, pero esta vez en una nueva escuela y esto traía consigo muchas expectativas, tanto de su parte como de la nuestra.

Pienso cuanto he disfrutado de este año de escuela de mis hijos, tanto como de muchos otros, desde haber tenido que subirles los ruedos a los pantalones de los uniformes, luchar para despertarlos tan temprano cuando ya se han acostumbrado a dormir hasta tarde y batallar con ellos cuando a sabiendas de que existen dos lavabos en su baño, se pelean por querer usar el mismo.

 
 
 
 


Y pensar que dentro de pocos días volverán a posar para el lente de su mami aun con sus caritas de sueño en su primer día de escuela. Un lente que siempre está alerta para no perder detalle de nada. Que volverán a compartir de nuevo en su desayuno y a acostumbrar sus estómagos a recibir comida tan tempranito en la mañana. Que regresarán las corridas para tener la merienda lista en tiempo record antes de escuchar la bocina del señor Mario en la puerta. Los volveré a ver despedirse de un papá que les da una larga lista de recomendaciones para empezar su año escolar con el pie derecho. Los volveré a ver a cada uno con la ilusión de culminar con éxito otro año escolar más, de reencontrarse con sus amiguitos de siempre y a la expectativa de los nuevos amiguitos que harán.


 
 
 
 
 
 


Volveré a asistir con David a su primer día de escuela, tomado de mi mano, con su corazoncito acelerado, algo tímido y un poco callado, como él no suele ser. Entre el caminar apresurado de otros niños y otros padres, buscaremos de nuevo el que será su salón de clases durante nueve meses. Me presentaré a su maestra, tratando de transmitirle a David todo mi entusiasmo al conocerla y sólo pidiendo a DIOS que esa persona que será tan cercana a mi hijo y que cuyo nombre escucharemos cada día en nuestra casa, tenga genuina y verdadera vocación en su corazón. La maestra nos hará pasar a conocer el salón, observaré cada espacio con ojos de lupa, tratando de grabar en mi mente cada rincón de ese lugar que recibirá a mi hijo día tras día y donde vivirá tan emocionantes momentos. Donde inventará alguna excusa por no haber llevado su tarea a tiempo y donde correrá a entregar a su maestra las asignaciones a las que tantas horas dedicó, donde volteará a ver con ilusión y picardía la cara de esa niña que le atrae y que le hace soñar despierto, donde aprenderá, jugará. Después revisaré la información escrita que la maestra habrá guardado para los padres entre los flashes constantes de las cámaras de todos, anhelando capturar cada detalle de ese primer e inolvidable día.

 


Regresarán los proyectos de escuela para los que como familia nos volvemos un gran equipo y cada miembro procura aportar su granito de arena. Volveremos a ver a Saúl con sus zapatos bien puestos para hacer lo que le gusta. Así como los volveremos a ver, unas veces ganar y otras veces aprender a perder y estando ahí para vivir con ellos las lecciones que la vida les brinda. Volverán a escuchar también mis cantaletas para que se cuiden de un resfriado en los días de lluvia, aun cuando dude que me harán caso. Los volveré a ver despedirse anhelando que transcurran las horas para en la tarde reencontrarse. Y volverán a llevar los dulces que anhelan comer antes de compartir y a hacer sus últimos repasos antes de partir.

 
 
 
 
 
 
 
Junto a Saúl volveré a disfrutar y conocer recetas de otros países para presentar como proyecto de clase, como cuando preparamos un delicioso plato típico de Costa de Marfil (Ivory Coast) y crearemos majestuosos castillos donde luego nos darán deseos de vivir. Volveremos a reunir a toda la tropa de amiguitos en casa y a contagiarnos con su alegría. Así como inventar días de picnic con el solo motivo de verlos compartir.

 
 
 
 
 

 


 
 
 
  
Con fe y constancia David volverá a recibir su diploma como estudiante del mes, volveremos a asistir a las premiaciones por sus logros académicos y estaremos ahí para apoyarlos colmados de orgullo.




Al terminar esos días de escuela se alberga cierta nostalgia en nuestros corazones, como cuando pude ver a David recibir su certificado de promoción y despedirse de quien ha sido una gran maestra para él. Que con su personalidad dulce y su entrega ganó en pocos días el corazón de mi hijo. Así como verlo despedirse de sus mejores y más entrañables amiguitos, de estas imágenes y letras y esas caritas que ya le son tan familiares. Mientras las mamás resistimos una que otra lagrimita que amenaza con salir de nuestros ojos al ver a los niños disfrutar de esos últimos momentos de lo que ha significado un año escolar colmado de enriquecimiento, aprendizaje, logros alcanzados, penas, alegrías y todo lo que contribuirá a formar quienes nuestros hijos serán mañana.
 
 
 
 
 
 
 

Se despiden con unas cuantas libritas y pulgadas más, con más conocimientos acumulados y con más experiencias vividas, con sus corazoncitos divididos, un poco roto por la niña linda que dejarán de ver y por la maestra con la que tanto se han encariñado, pero a su vez feliz por la diversión que en el verano les espera.

Adiós sexto y Adiós primer grado. Los vamos a extrañar todos!



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Cuando abuela llega a casa…

Esta vez y a diferencia de muchas otras, no existiria el factor sorpresa para los nietos que  esperaban colmados de emoción. Todo era más que obvio para su llegada a casa. Saúl y David me habían visto revisar una y otra vez cada detalle de la habitación de su abuela para que todo estuviera perfecto a su llegada, mientras ellos a su vez alistaban detallitos para ella. Me habían acompañado a elegir un presente bonito para sorprenderla, así como flores frescas y hermosas que junto a nuestro calor le darían la más cálida de las bienvenidas.

A su llegada todo fue alegría, dicha, emoción de ver a esa mujer amorosa y dulce que tanto amamos todos. Sin lugar a dudas, cuando estamos juntos, siento que nada nos falta. Gracias DIOS por reunificarnos y concedernos momentos como estos.
 
 
 
 
 
Entre largos y efusivos abrazos, besos y muestras de amor que emanaban desde lo más profundo de nuestro ser para esa mujer que con su sola presencia logra que nuestra dicha sea, difícil de describir en su totalidad. Saúl y David le entregaron sus tarjetas dedicadas de amor. Mientras su abuela disfrutaba de ver las caritas de sus nietos reflejando la más genuina emoción al entregarles los regalos que con tanta ilusión había guardado para ellos en su equipaje por días.

Imposible dejar de mencionar la fobia resistida a los aviones por parte de su abuela, SI, LO ES. Viajar en avión es todo un reto para ella, uno que se propone superar cada vez que aborda uno para vernos. No cabe duda de las grandes e increíbles cosas que podemos llegar a hacer o superar, solo por amor. Pues como ya es parte de la costumbre, la abuela llega con un poco de dolor de cabeza que se va desvaneciendo desde el momento en el que logra ver a los suyos porque jamás ha necesitado calmantes. Aun cuando el descanso tras su llegada no suele ser una opción para ella (Simplemente porque no la dejamos ni a sol ni a sombra). Sus nietos quieren mostrarle todo lo que físicamente su abuela no ha visto, diplomas, medallas, juguetes, dibujos, tanto que no les alcanzan sus ojos para ver. Jeff se vuelca en atenciones para ella, le acomoda sus maletas, se percata de que desde la temperatura del aire acondicionado este perfecta para ella, pero casi no tiene chance de interactuar, je, je. Y cuando al fin logra ponerse ropa más cómoda, nos metemos todos en su cama, Saúl con toda la intención de recibir los acostumbrados masajitos en la espalda de parte de su abuela, David en busca de las cosquillitas que tanta risa causan en él y yo, ansiosa por tener con mi madre una de esas laaaaaargas conversaciones placenteras y relajadas hasta altas horas de la madrugada que tanto extraño. Mismas que suelen hacernos llorar, pero de la risa. Que rico es conversar así. Cuando estamos juntas nada puede perturbar nuestra dicha.

Como es de esperarse, existen niños que abandonan sus camitas esa noche y si se les permite, las abandonan muchas más. Mudan sus almohadas, sus frazadas y David a su Mija (Sabanita) y a su duende para dormir con su abuela y juro que no existe poder humano que pueda convencerlos de lo contrario para que la dejen descansar y menos aun cuando la abuela se convierte en su principal cómplice, aunque despierte molida, ja, ja.

Desde el siguiente día, nuestro amanecer es diferente. Todos despertamos con un delicioso aroma a café, cuando Jeff baja se vuelven a ver las bandejas bonitas, los paños tejidos que ella misma nos trae, las tazas más lindas para servirle el cafecito que el tanto agradece. Café que ambos comparten con una amena platica en la cocina aun en sus pajamas. Saúl y David bajan para dar los buenos días a su abuela y contar con gracia junto a ella lo mal que la hicieron dormir con sus sesiones casi de Karate en la cama. Y yo recibo el abrazo más cálido, uno que quisiera dar y recibir cada día de mi existir.

Milo, el nieto más chiquito de la casa, se convierte en la sombra de su también abuela.

La abuela es un menú abierto, variado y extenso para consentir paladares y antojos, pastas, postres, lo que quieran sus príncipes y ellos lo saben muy bien. Pero bueno, para ser justos, a todos se nos consiente por igual. Y amamos cuando llega a bendecir nuestra unión, nuestro hogar y la mesa que compartimos juntos.

Desde el plan más sencillo hasta el más interesante, es perfecto para hacer con ella. Parecieran tres niños juntos tomados de la mano. Solo se escucha sin parar: Abuela mira! Abuela por aquí! Mientras les observo junto a Jeff y pensamos cuan maravilloso es que nuestros hijos cuenten con esa gran referencia de amor en sus vidas.
 
 
 

La inspiración de David impera a cada momento, creando para su abuela como él le llama, sorpresas hechas con sus propias manitos. Mismas que su abuela guarda celosamente como el tesoro más preciado. Y Saúl se vuelve más atento, más tierno. Y cada gesto suyo su abuela los guarda en un rinconcito muy especial del corazón. Cuando abuela llega a casa, nuestro hogar se vuelve más cálido, más acogedor.
 

Tú embelleces nuestro entorno con tu sonrisa, con tu amor, con tu entrega. Que maravilloso es tenerte siempre entre nosotros. Te amamos.

 

 

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